¿La cara cada vez más asimétrica y la línea mandibular más difusa? Mire primero estas dos costumbres
En la mayoría de los casos, la «cara torcida» o la «línea mandibular difusa» no se deben a ninguna carencia ni exigen una intervención urgente: es una cuestión de posición. Masticar siempre del mismo lado y dormir de lado presionando una mejilla van desviando poco a poco la forma del rostro.

«Mire mi cara, ¿verdad que un lado es más grande que el otro?». Hace unos días, una paciente de 40 años me lo preguntó con una selfi en la mano. El mes anterior se había sometido a un tratamiento estético; la piel estaba algo más firme, pero la sensación de «torcida» seguía ahí.
Le tomé una foto frontal y otra de perfil y tracé unas líneas paralelas. Al verlas, se quedó sorprendida: «no pensaba que estuviera tan desviada».
En realidad, en la mayoría de los casos de «cara torcida» o «línea mandibular difusa» no falta nada ni hay que intervenir con prisa: es una cuestión de posición. Masticar siempre del mismo lado, dormir de lado presionando una mejilla, apoyar la cara en una sola mano... van desviando poco a poco la forma del rostro. La solución de fondo es corregir primero los hábitos y acompañarlos después con un cuidado suave.
¿Por qué la cara se va torciendo sin que nos demos cuenta?
Mucha gente cree que la asimetría facial es congénita. En realidad, la mayoría la generan los hábitos:
- Masticar siempre del mismo lado: el masetero queda tenso en un lado y suelto en el otro, y la forma de la cara se va desviando.
- Dormir siempre de lado sobre el mismo lado: la presión mantenida deforma el contorno poco a poco.
- Apoyar la cara en una sola mano, gestos habituales: con el tiempo, el tono de la musculatura facial se desequilibra.
Aunque los problemas y los factores que influyen son bastantes, la buena noticia es que todo esto se puede corregir, siempre que uno empiece por darse cuenta de que «es el hábito el que está cambiando mi cara».
¿Cómo autoevaluarse? Fotos y líneas
¿Cómo saber si uno tiene la cara asimétrica? ¿Qué lado es más grande? ¿Hacia dónde se desvía? El método es sencillo: hágase fotos de la cara, una de frente y otra de perfil, y con el pincel de la galería del móvil trace unas líneas paralelas sobre la foto: cejas, pómulos, línea mandibular. Dónde se desvía, dónde cae, qué lado está más tenso: al terminar se ve con claridad.
Se lo hice a tres personas cercanas y su reacción fue idéntica: «¡no sabía que mi cara estaba tan desviada!».
El criterio del cuidado: aflojar, ajustar y fijar
El tuina facial (terapia suave de tejidos faciales) no duele tanto como se imagina; el cuidado suave sigue tres pasos. Primero, aflojar: relajar los músculos que llevan mucho tiempo tensos (masetero, cuello); cuando los músculos tensos se sueltan, el contorno tiene ocasión de volver a su estado natural. Segundo, ajustar: con maniobras suaves, ayudar a los músculos y a los tejidos blandos a volver poco a poco a un estado relajado y uniforme; el cuidado facial «rostro pequeño» japonés sigue esta misma idea: aflojar, ajustar y luego fijar, para que el músculo recuerde la nueva posición. Tercero, fijar: acompañar con cambios en los hábitos de vida (masticar del otro lado, dormir del otro lado, apoyar menos la cara) para que el cuerpo registre ese nuevo estado.
Todo el proceso no deja rojeces ni hinchazón y se puede salir directamente después. Una paciente, tras la primera sesión, se miró al espejo durante diez minutos y dijo: «este lado ha subido de forma muy clara y muy natural».
¿Quién es candidato y quién no?
Candidatos: personas de 35 a 55 años con signos iniciales de envejecimiento, asimetría facial evidente y que no suelen someter la cara a tratamientos agresivos. No candidatos: quienes tienen una flacidez cutánea muy marcada (en estos casos el cuidado personal da resultados limitados; conviene escuchar antes una recomendación profesional) y quienes se han sometido a cirugía facial (también deben escuchar antes una recomendación profesional).
¿Qué se puede hacer en casa?
Además de masticar del otro lado, dormir del otro lado y apoyar menos la cara, cada día se pueden dedicar tres o cinco minutos a una relajación suave: con la yema de los dedos, presionar en círculos suaves el masetero y la zona de la línea mandibular, con la fuerza justa para resultar cómoda; funciona mejor después de lavarse la cara con agua tibia. La constancia importa más que la fuerza.
La cara es una tarjeta de presentación que uno ve cada día. Que resulte agradable o no depende, muchas veces, no de cuánto dinero se ha gastado, sino de si uno ha entendido que es el hábito el que está cambiando su cara. Corregir el hábito ahorra más que cualquier otra cosa.